Una cama que no me suelta

Sí, díganmelo. “Soy un desastre”. Éste que debiera como ser, como su nombre lo indica, un medio de narración diario lo he descuidado, no precisamente porque así lo quiera yo, sino porque no me he sentido con ánimos de escribir sobre mi situación de salud, que no ha cambiado mucho desde que salí del Hospital. es más ya ni recuerdo que tanto les he contado, pero puedo decirles que del 30 de agosto a la fecha, apenas ahora hice parte de mis actividades cotidianas y terminé agotado.

Y sí, la verdad es que he reflexionado mucho sobre todo lo que pasó en esta última ocasión en el Hospital Civil. A diferencia de la primera ocasión, en ésta segunda incursión terminé enojado, todo porque cada vez que baja la temperatura o mi brazo permanece en forma recta hacia abajo, me duele, tengo que andar con maga larga y duermo demasiado poco, un promedio de cuatro horas al día. Ya sabrán todo lo que le digo a diario a ese intento de médica de nombre Fernanda. Me desgración mi brazo.

La medicina que me habían recetado los médicos pareció no haberme caído bien, tanto que me lavante de la cama sin ayuda hasta que regresé a la prednisona, tuve que volver a tomar 20 miligramos y combinarla con 6 mimligramos de Budesonida y me sentí más o menos.

Pero había que eliminar el medicamente que no acepto mi organismo. Lo hice una vez se me acabó el frasco que tenía de 50 cápsulas y volví a caer en cama. Subí la predinosa a 30 miligramos -eso fue hace un par de días- y hoy ya pude hacer de comer. Lo cual es un gran avance; es más ayudó a que escribiera nuevamente en este que debería ser Diario.

No todo es malo en el Hospital Civil. Insistó en que hay médicos de mucho valor, como el doctor Antonio Velarde y la doctora Rosy Gutiérrez -otros me decepcionaron en esta ocación-. Luego de ver los resultados de las biopsias, pude corroborar que las proyecciones que ellos tenían fueron corroboradas, como la existencia de la Colitis Microscópica (linfocítica) con signos de agudización leve.

El hecho es que nunca me había sentido tan mal. Nunca antes había salido tan dolido de una hospitalización. Moretones por todos lados de los brazos -por el protocolo de las enfermeras dice que al tercer día tiene que cambiarse de lugar, para evitar infecciones, aunque en caso de dificultad para eoncotrar las venas se valorará dejarlo-; piquetes todos los días por la mala posición en que ponen las vías para el suero. De las enfermeras, no me cansaré de decirlo, es de lo peor que tiene el hospital, salvo sus excepciones, muy contadas, pero las hay.

Pero, bueno, quise tener comunicación con ustedes. No he regresado al Hospital desde ese día de mi salida, primero porque se les olvidó darme cita; segundo porque me da pavor pensar en que me voy a encontrar con un mundo de gente y tercero porque no estoy en conidciones de permacer de tres a cuatro horas en espera para que me atiendan; aún me canso mucho.

Ya a finales de este mes tendré que ir, porque son citas para ver lo de mis ojos, que espero me aguanten unos meses más.

Por cierto, mientras escribo, me como un durazno meloctón que el sábado me regalaron. Estaba buenísimo. Bueno la foto no miente.

Esto, de verdad ¡no es vida!

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