De éstos, muchos, para seguir adelante!!!

Cuando Bertha me dijo que no tenía porque protestar por comer todos los días lo mismo, le dije que en ocasiones la comida fastidia, y por eso hay que buscarle variedad. Sin embargo, ahora me he dado cuenta que como Celiaco Refractario que soy es una norma imprescindible hacerlo de esa manera, dado que ante cualquier variedad, inmediatamente las consecuencias se presentan en mi organismo.Y es que déjenme platicarles en esta ocasión algo sobre mi alimentación, que entre otras cosas da respuesta a una muy sentida solicitud que hace poco lanzó un amigo celiaco de la Ciudad de México, a través de Celiacos de México en FB, sobre qué hacer para subir de peso, ya que al igual que muchos celiacos su peso es demasiado bajo para su complexión física.

Resulta que a raíz de mi más reciente intento de recaída –no llegó gracias al atinado manejo que hizo de mi situación mi médico de cabecera llamado Óscar Hernánez… No se crean… del doctor Eduardo Cerda— cambié mi dieta y regresé a la comida de “hospital” como le llamo cada vez que me propongo hacerlo de esa manera. Sólo que ahora los resultados fueron extraordinarios. He aumentado alrededor de ONCE kilos en menos de quince días. ¿Lo imaginan?, ando en un peso de 69 kilos, cuando que el miércoles de mi consulta, el 3 de marzo, pesé 57 kilos. No crean que no sé hacer cuentas, lo que sucede es que el último registro de peso fue el lunes anterior y ahora debo haber subido unos kilos más en esta semana, pero no creo haber pasado de los 70. Ahí me quedo, como en el poker.

Este extraordinario aumento de peso fue posible gracias a mi régimen alimenticio controlado y en exceso; bueno y a los medicamentos con los que me controlo la Celiaca Refractaria.

Les platico:

Desayuno a las 7.30 horas, dos naranjas en gajos; una ración medio grande de Sandia; con limón y sal; un par de huevos, una zanahoria, una papa chica, una calabaza, un pedazo de chayote, sazonados con mantequilla, sal y pimienta —sin gluten— y un pedazo de biscocho del que les he mostrado hago.

A las 12.00 horas, un Yakult; tres quesadillas de manchego; las mismas verduras que en el desayuno y un pedazo de pan (biscocho sin gluten).

A las 15.00 horas, un pepino con sal y limón y en ocasiones jícama y piña, los tres juntos —el pepino pasa a ser la mitad—; una ración de arroz; una pechuga de pollo —bueno, un bistec de pollo— acompañado de las mismas verduras.

A las 19.00 horas, un complemento alimenticio Boots, y una ración de melón.

Y a las 21.00 horas, un jugo de jitomate; tres quesadillas y las mismas verduras.

Entre todas las comidas me llego a tomar unos tres litros de agua de limón con azúcar y ya para dormir un vaso más de 3/4 de litro.

Esa es mi alimentación diaria, sin variar y me la paso muy a gusto, con el cumplimiento de horario estricto. No está por demás decirles que durante la noche me levanto por lo menos dos ocasiones al baño, porque el agua hace sus estragos en la vejiga. Duermo poco: quizá un promedio de seis horas interrumpidas por las levantadas y procuro dormir una siesta, que casi nunca logro, pero descanso al acostarme un rato, sobre todo de la espalda, donde ya les he contado tengo una escoliosis giratoria que me provoca dolores todo el día.

Así con este régimen alimenticio he logrado subir de peso, pero si se me ocurre variarlo tantito, les decía, vienen los estragos.

Resulta que el sábado me comí dos sopes, hechos en casa, por supuesto, en lugar de las tortillas de la comida —tres, en desayuno y comida, que se me olvidó incluir en el menú—. Sólo me hice dos, les puse frijoles. El domingo tuve más evacuaciones que los días anteriores y me bajó el estado de ánimo un poco, agregado además a la desvelada del sábado, porque me dormí a las 01.50 de la mañana del domingo y me levanté a las mismas 7.30 horas, así es que me dormí al mediodía día y eso me provocó mucho sueño el resto del domingo. Y como sigo en mi labor de escribir mi libro y atender mis blogs, pues no he descansado, lo que haré en un momento más. Total, es domingo y mañana puente.

De esa manera acepté el dicho de Bertha, por qué protestar por comer lo mismo. Si ahí está mi salud, pues así lo dejamos y si ya descarté el café, el chile y los frijoles, pues a comer verduras, pollo y huevos, que de estos hay que ponerles muchos para seguir adelante!!!

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