Errores de juventud celiaca

Una atascón de Hot Dogs -foto de burninlovebbq-

Cuando me diagnosticaron el “Síndrome de mala absorción por enteropatía al gluten” –ese fue el nombre que le dieron—me “orientaron” sobre los alimentos que no debía consumir: las harinas de trigo, principalmente y me dieron una lista de algunos alimentos a suprimir de mi dieta. Yo, ignorante como todos cuando nos dicen eso, salí del hospital y traté de entender qué era en realidad lo que me quería decir con no comer gluten. Traté de investigar, Nadie sabía nada.

He comentado en alguna ocasión, que existía un Instituto Nacional del Consumidor (INCO), en el que dedicaban un tiempo a analizar ciertos alimentos y había un programa en la televisión producido por ellos donde uno se enteraba de sus resultados, por supuesto, como todo lo que sirve, despareció en México. Ahora se Llama Procuraduría Federal del Consumidor y su principal labor es ubicar a la gente en un contexto de denuncia por las malas prácticas comerciales. La investigación fue hecha a un lado, aunque, hay que decirlo tienen una Revista del Consumidor, en el que orientan a la gente, en ocasiones, sobre los alimentos, su composición y sus riesgos. Pero no es lo mismo de aquellos tiempos. Hablo de 1974 en adelante.

Lo primero que aprendí con ellos, es que los jamones contenía pastas, sólo una marca era casi en el 90 por ciento, carne y, por tanto lo podía consumir. Acudí a sus oficinas, me acuerdo, al sur de la ciudad de México y platiqué con alguno de los nutriólogos, que daban esa orientación. Supe que los helados tampoco eran aptos y que no debía consumir ciertos yogurts comerciales. Salí con un poco más de información.

Yo estaba chavo, tenía alrededor de los 18 años y mis síntomas no eran tan crudos como los de ahora. Incluso había ocasiones en que nada sentía de malestar. Por tanto, no me cuidaba como debía, y sin información, pues menos. Yo comía pan a grandes cantidades. Vivía frente a una panadería y cada vez que tenía oportunidad me compraba un delicioso pan o me preparaba mis bolillos con mantequilla y asados sobre la estufa –algo recuerdo ya escribí sobre esto–; pero eso no era lo grave, lo peor era cuando viajaba, por ejemplo, a Acapulco. Eran tiempos en que nos comenzaban a invadir las cadenas de venta de Donas, de esas que conocemos como glaseadas, y con  todo tipo de cubierta, que son deliciosas. Ya el pan comenzaba a dejarlo, pero no me apartaba del todo de él. Cuando podía, y mi madre se descuidaba, me iba a comprar un par de donas y mes comía sin que nadie se diera cuenta. Nada pasaba. Es más hubo ocasiones en que mis evacuaciones eran mejor que cuando no comía pan. Por supuesto del resto de la comida, nunca se cuidó su preparación.

Hubo otra ocasión que no olvido por nada. Durante la campaña presidencial de Miguel de La Madrid, que yo cubría para la Organización Radio Fórmula, como reportero, realizamos una gira por el sureste del país. Primero Yucatán, donde comer es un placer, pero la comida es tan condimentada que representa un reto para cualquier estómago. Imagínense para el mío, ya en deterioro “silencioso” –estaba en una edad en donde las manifestaciones eran ocasionales, pero muy agresivas y sin saber por qué—. En el hotel donde nos hospedaron a los representantes de los medios pusieron un kiosco con comida especial para nosotros, de todo lo típico de la comida yucateca: papatzules, cochinita pibil, venado, pavo es escabeche, queso relleno, queso negro, de todo. Me di una atascada, que en la primera noche sucumbí, me puse malísimo. La gira prácticamente la viví desde mi cama y los reventones de la noche los veía desde mi cuarto, porque alcanzaba a ver la alberca donde todos tomaban de todo. Hablo de 1982.

De ahí, casi, casi, en calidad de cadáver, pasamos a Cancún, Quintana Roo. Como regalo para los reporteros, el candidato concedió llevar a las esposas, novias, amantes o parientes –uno por reportero—al hotel que había sido reservado para nosotros. Nosotros llegamos en jueves, los invitados en sábado por la mañana. Yo estaba “muerto” en mi cuarto –ese mote se me quedó por mucho tiempo, porque uno de mis cuates llegó a verme y llevarme la información del día y al abrir la puerta, mi presentación era tal que grito “un muerto”. Así me llamaron el resto de la campaña y las siguientes dos que cubrí como reportero.

Cuando llegaron las esposas –en mi caso—salí del cuarto a la alberca, me tiré en un camastro y lo primero que se me ocurrió pedir, por la sed que tenía, fue un jugo de tomate preparado, lo servían con salsa inglesa, jugo Maggi, salsa tabasco y limón, delicioso y fresco, pero un veneno para un celiaco, que obviamente ni siquiera sabía existía esta palabra y mucho menos que los ingredientes del jugo contuvieran gluten. Pues me refrescaba, me animaba, pero mi estómago –seguro—sufría.

En esa época, la zona del centro de Cancún estaba llena de tiendas con productos de importación. Podíamos comprar todo lo que quisiéramos; así es que tomé a mi mujer de la mano, como lo hicieron el resto de la comitiva y a comprar. Me dio hambre. En la gira andaba mi Jefa en Radio Fórmula, porque iba como invitada de su entonces esposo, que también cubría la campaña, para El Universal. En las calles, casi en cada esquina había puesto de HotDogs. Le dije a mi mujer que me compraría uno. Me dijo que no, pero le hice mano de “cochi” como dicen en el norte de México y aceptó. Me lo prepararon de tal manera, que –ya hasta se me antojó— ansiaba comérmelo. Abrí la boca y antes de cerrarla escuché un grito detrás de mí: “ nadamás te vuelves a enfermar cabrón, y te corro”, era mi jefa que me cayó en la maroma. Me lo comí solo un HotDog. No saben que rico me supo.

Así era mi ignorancia de juventud y esos mis errores en la dieta.

Pero había más. Viví dos años en Sonora, en la capital del estado, en Hermosillo. Todos los fines de semana eran “cheleros”. Allá las temperaturas son muy altas y todo el día hay que tomar cerveza para evitar deshidratarse. Venden cervezas por todos lados y en bolsita con hielo, para que siempre estén bien frías o bien “muertas” como les llaman. Así es que tomaba cerveza en cantidades industriales. Nunca me cayeron mal. Ni una sola ocasión –a excepción de una que me puse mega briago— caí por la Celiaca, pero supongo que mi intestino debe haberme recodado mi madre decenas de ocasiones. Ahora se las cobra.

Esos, son algunos mis errores, errores que me mantienen en una situación de refractariedad. Llevo, como lo he dicho, cinco años, poco más, desde que mi dieta se volvió realmente estricta, porque mi deterioro llegó a límites tales, que tuve que ponerme a investigar. Ahora me preocupo porque el resto de los celiacos no cometan estos errores que yo, para que no caigan en una situación como la mía.

En verdad, ahora se llama Enfermedad Celiaca y hay mucha información para prevenir los daños cuando se les ha diagnosticado. Háganme caso, les platico esto, para que no sufran, porque una Celiaca Refractaria no deja nada bueno. Los errores cuestan. Pero créanme no fue mi culpa. La carencia de información lo fue realmente. Aquí los medios juegan un papel importantísimo, la difusión es vital. Tenemos Twitter y Facebook y podemos hacer uso de ellos para llegar a quienes buscan información, pero no todos los celiacos tiene n computadora y no todos deben llegar a ellas. Mejor los medios impresos, la radio, la televisión, el cine. La ayuda que nos den es importantísima para no cometer errores que pueden causar un grave daño .

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6 comentarios en “Errores de juventud celiaca

    • Sofi, con todo respeto, puedo decirte que la Enfermedad Celiaca, así es denominada por la ciencia. Sabemos que es una condición de vida con la que vives toda tu existencia, una vez la tienes controlada, pero cuando no seguirá siendo una enfermedad, como la quieras ver. El concepto de vida se lo da cada quien, la denominación no.

  1. Hola, yo tambien ignore mi diagnostico por mucho tiempo hasta que me dio una dermatitis que me ha forzado (gracias a Dios) a llevar una dieta mas estricta y empezar a leer etiquetas SIEMPRE, porque yo nunca me imagine que knorr suiza tiene gluten!!!! Lo mas importante es difundir informacion sobre esta enfermedad, gracias

  2. Que bien narraste amigo; sirva a todos para aprender, difundir…es cosa seria !

    En México necesitamos mucha información, quizás algún político nos lea, quizás padezca de este mal, quizás tome conciencia y quizás ayude en reglamentar una ley “Para los celiacos de México”

    • Pues mira, Sonia, yo no escribí, pero lo pensé. No le deseo mal a nadie, pero creo que hace falta que algun político, periodista reconocido o empresario encumbrado sufra de Enfermedad Celiaca, para que pongan mayor atención. No en el medio del espectáculo, porque ya ves, Victoria Ruffo es celiaca, no hace caso a la dieta, lleva tres internamientos en Houston, EU, porque obviamente cae en su estado de salud, y siempre se ha negado a cooperar con nosotros.

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