Tortillas 100% maíz, marchante

Las tortillería

La tortillería

En ocasiones las cosas más simples son a las que menos importancia damos.

Hoy me lavanté, como siempre, a las 7.15 hrs. Mi desayuno de todos los días: un jugo de naranja; un plato de frutas, un poco de melón, con unas siete zarzamoras, unas siete frambuesas y unas cuatro –gigantes– fresas partidas en cuatro partes, con una buena dotación de yogurt casero, resultado de la fermentación de búlgaros con leche bronca; riquísimo.

De momento me doy cuenta que ya no hay tortillas. Me subo al carro de mi madre y emprendo hacia Tulipanes, un pueblo contiguo a donde vivo. Llegó a la tortillería, esa donde todavía se muele el maíz en una pequeña máquina; se saca la masa y dos mujeres “tortean” las tortillas, para después depositarlas en un gran comal y ver como de repente crecen, se inflan y listo, salen para el consumo.

Pero ya en el proceso se me ocurre que el almuerzo puede ser aderezado con unos buenos sopecitos, que ahí mismo hacen; esos sí hechos a mano por una de las señoras. Inimaginable la ricura que se vislumbra.

Llego a casa y el hambre apremia. Me como un par de huevos, con una tortillita bien caliente, de las recién hechas. Ya satisfecha mi ansia de comer, me dispongo a prepara una salsa, de esas asaditas, con jitomate, cebolla, ajo, chile serrano y unos tres chiles de árbol; todo bien asado. Al molcajete; se le agrega un poco de sal de grano y lista; picosita.

Ya al filo de las 11.30 hrs llegan los invitados. La pareja de tortolitos de todos los fines de semana. Hora de sentarse a la mesa a almorzar, ahora sí en forma. Preparo los sopecitos con frijoles refritos, salsa, un poco de queso rayado y un poco de cebolla picada. Piden huevos revueltos para acompañar. Ya nada más para completar en la mesa yacen ya los panquecitos previamente horneados.

En mi turno, me aso una carne, me preparo dos sopecitos de la misma forma y a devorar.

Un té de jengibre para ayudar a la digestión.

El toque del desayuno, que podría ser rutinario, lo hacen esos sopecitos recién hechos, con masa de maíz auténtica –no sé si el maíz pueda ser transgénico, resultado de la manga ancha que se la ha dado a Monsanto para producirlo en México– elaboradas con manos artesanales; en un local pequeño, pero lleno de calor no sólo producido por el comal sino por la misma gente que atiende, siempre amable y dispuesta.

En la puerta se puede leer ya una manta que mandaron hacer. “Tortillas recién hechas a manos de maíz 100%, sin conservadores ni aditivos, haga sus pedidos, Servicio a Domicilio desde 5 kilos y atendemos banquetes”. Toda una empresa, pero con la ricura y el toque pueblerino que ya no se ve en las grandes urbes.

Es esto algo cotidiano, simple, pero que cobra gran significado y a la que quizá la mayoría de la gente no da importancia.

Tortillas 100% de Maíz, se lee. Tortillas 100% de maíz nos comemos en casa. Tortillas 100% de maíz que ya quisieran en la selva de asfalto.

Provecho!!!

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