Un café, un buen libro y un taco de ojo

Un trío sin igual

Un trío sin igual

Sí, debo confesar que hoy me codeé con la High Society. Sí, fui a uno de esos cafés, donde el café, creo no es lo mejor que hay en nuestro país, pero que con sus establecimientos “agrigandos” han inundado la ciudad donde vivo y así el resto del país. Sus precios parecen ser de una restaurante de primer nivel, sin serlo realmente, pero resulta agradable finalmente pasarse un buen rato en el lugar, dado que tienen conexiones de corriente eléctrica por doquier y, por supuesto acceso a la banda ancha de internet, mediante su red de Wi-Fi. El ambiente, finalmente es agradable.

Pero porque calificar a este establecimiento como uno de la Alta Sociedad, no por el lugar mismo, sino por su ubicación. está a la salida de uno de los fraccionamientos residenciales “exclusivos” de la Zona Metropolitana de Guadalajara y cerca de algunos otros centros habitacionales del mismo nivel.

En su estacionamiento no se ven bicicletas, ni carcachas sesenteras; se vislumbras grandes camionetas, como las tipo Lobo, las Cherokees, las Durango, las Suburbans o carros de las mejores marcas, como bien pueden ser los Mercedes Benz o los Audi o los GM de lujo. En fin un lugar visitado por ricos y otros –como yo- nada ricos.

Uno de os grandes atractivos, por lo menos por la mañana, es la visita de decenas de mujeres, que después de dejar a sus hijos en el “Cole” se van a la charla con las amigas, acompañadas del café sea capuchino, late, expreso americano, o qué sé yo cuantos tipos y sabores más. Claro no puede faltar el sandwich o el panecillo previamente empaquetado de la misma cadena, que a decir la verdad, cuesta más que un desayuno completo en cualquier restaurante de esos de moda.

Pese a la lectura en la que me encontraba sumido, resulta imposible negarse a echar un vistazo a esos muslos bien torneados, seguramente de gimnasio, desnudos, de una mujer cuarentona de muy buen ver, ataviada de un vestido negro entallado y arriba de la rodilla. Esas mujeres pueden hacerlo a uno pasar un buen rato, aunque sea sólo conformarse con verla. O a aquella otra dama, que en compañía de su marido juguetea con su pequeño hijo, pero que a través de esos pantalones de mezclilla entallados, deja una figura que cualquier caballero envidiaría tener a un lado o encima, según se vea. El coqueteo no falta, pero el respeto se impone.

Cual sería mi sorpresa que al hacer el pedido de mi café expresso americano alto, y a pregunta expresa, me remitirían al mostrador de los panes y me enseñarían unos panecillos de queso Gluten Free; ya alguien me había comentado que los habían metido en estos lugares, pero tenía que comprobarlo.

Pero me quedé atonito al ver que los panecillos tan preciados por los celiacos se encontraban rodeados de otros panes de trigo, “enriquecidos con semillas”, pero que para desgracia nuestra contaminan a los panecillos de queso Gluten Free. Llamo la atención del joven que amablemente me despacha y le digo: bien, pero la gracia de sus panecillos se pierde al tenerlo de esa forma, porque entonces el Gluten Free dejó de tener efecto, se han contaminado con el resto de los panes. “bueno, tendré que darle de los que tengo en la caja”, caja que, por supuesto no está a la vista de nadie, más que de ellos. Dije que no comería de esos y que yo llevaba en la bolsa  envuelto en una servilleta, un panqué hecho con mis propias manos; ese sí, Libre totalmente de gluten, sin contaminación alguna.

El joven se disculpó y tras mi comentario de que deberían tener los panes en bolsitas o en alguna caja, para no contaminarlos con el resto de la bollería, me dijo que esos los dejaría de muestra y a quien los pidiera le darían de los que tienen guardados en la caja. Claro, queda la duda de si esos no estuvieron ya en contacto con algún otro pan. Finalmente en intento se agradece, Ya estos cafés buscan meter aunque sea un sólo producto, Libre de Gluten, para satisfacción de quienes no consumimos nada de trigo, cebada, centeno y avena. Bueno sería que la empresa capacitara al personal en el manejo de este tipo de productos, porque entonces el sentido se pierde.

Créanme, prefiero el café de otro lado, pero con tal de echarme un taco de ojo, ver caras agradables, cuerpos bien cuidados y, sobre todo, bien trazados, regresaré a este lugar, que gringo o no, sirve para relajarse, echarse un cafecito caliente, leer un buen libro, como el que llevaba hoy –“Narcoleaks”, de Wilbert Torre– y pasarse un par de horas sin que nadie moleste ni incomode. A la vez, se checa de vez en cuando el Face, el Twitter, el correo; se responden mensajes y se mantienen uno actualizado de los que acontece en la zona, en el país y en el extranjero, para evitar sorpresas . ¡no Creen?

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