Ya por mis papas cocidas ni pregunto

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Pan Gluten Free en el Four Seasons

Dónde quedó esas rica cocina tradicional; dónde aquellos platillos sencillos, tan sencillos que era cocinar los alimentos, sazonarlos con ajo, cebolla, sal y listo; dónde aquellos chefs o cocineros que se diferenciaban con su toque personal y que hacían la diferencia entre un  platillo y otro, aunque fueran los más elementales de la cocina.

Que feo, triste o decepcionante es llegar a cualquier lugar de comida, abrir la carta o el menú y darse cuenta que tienes opciones “muy variadas” huevos con espinacas, con tocino, con jamón a la mexicana, rancheros, a la benedictine, a la cazuela, a cómo usted diga y mande; ya están listos los chilaquiles, las enchiladas. Que no se le ocurra pedir una carne o una pechuga o mejor, unas verduras cocidas, porque entonces es usted visto como el ser más extraño sobre la face de la tierra.

Recodé entre estos sabores imaginarios aquella fonda de la plaza de Tlacoquemecatl, allá por la colonia del Valle, en el DF, donde todavía se puede ver entre sus platillos tradicionales que se sirven todos los días desde las 6.00 hrs y hasta las 12.00 hrs, la lengua en guisado; las albóndigas, el chicharrón en salsa verde, los huevos tirados (huevos con frijoles o frijoles con huevo, refritos en manteca de cerdo) infaltables con la carne asada al carbón o como acompañante de cualquier platillo, Un guisado o dos cambian diario, pero siempre sobre esa línea. Los malo está en el potenciador de sabor que creo no salvan ya.

Pero hablaba yo de los primeros platillos y eso en el desayuno. Ya no digamos a la hora de la comida y menos aún en la cena. Donde la cosa se pone peor todavía. Bueno para estos “seres extraños” teníamos las fonditas, la comida casera y ya ni eso. Ahí mismo eso de la verdura cocina y los asados, ya no está en existencia a horas impropias como las 10 y 11 de las mañana.

Salir de la casa o peor de la ciudad donde una radica es toda una odisea y no hablo como celiaco, hablo como comensal común y corriente, pero con hábitos muy diferentes a la “generalidad” de la sociedad.

Voy a hablar de mi última experiencia. Qué bueno que la cultura celiaca se comienza a extender entre los restauranteros, entre los industriales de la alimentación, por un lado. Me resultó de lo más grato llegar al hotel Four Season, en sus restaurantes; toparme con la recepcionista y decirle con toda la calma del mundo “mire, tengo un problema; requiero desayunar pero yo no como nada que contenga gluten”. Me frenó de inmediato y me dijo “no se preocupe contamos hasta con pan Libre de Gluten”. ¿Pero en cuál de los dos restaurantes me recomienda entrar, en este que es a la carta o en éste otro que es buffette? “No hay problema, nuestra cocina es la misma para ambos restaurantes”.  ¿Oiga y no hay problema de que al preparar mis alimentos haya riesgo de que se contaminen? Me puso cara de “¿qué pregunta usted?” y me respondió “No, no hay ningún problema. Estamos acostumbrados a servir a personas con problemas como el de usted. Atendemos muchos celiacos aquí”. No me quedó más que darme la vuelta, buscar la mesa más agradable, sentarme y pedir un jugo de zanahoria. Le dije al mesero que me habían dicho que tenía pan sin gluten y me dijo, “en 10 minutos lo tiene usted en la mesa. Ya la señorita me dijo”. Antes de diez minutos tenía una charola frente a mi con dos bolillos o barras de pan de sal y dos muffins dulces. No pude resistirme. Sucumbí ante los dos muffins, antes que llegaran las personas a las que esperaba. Tenía más de seis meses de no probar un pan de estos. Estaban deliciosos y recién salidos del horno.

Pero llegó la hora de ordenar el desayuno. Huevos a la… huevos a la… Omellette con… chilaquiles con huevo o huevos a la… con enchiladas, queso, crema, etc. etc. Oiga pero que no tienen una carne o una pechuga. Sí, claro, le puedo ofrecer una arrachera con chilaquiles a un lado. “No como tortillas”. Bueno, qué le parece si le pongo unos pocos de frijoles y unos espárragos. Ya no sonó tan mal. Pude desayuna a gusto. Claro con un costo extra, porque eso no está dentro del menú que ofrecen en el desayuno tradicional donde o son huevos al gusto, o son huevos a huevo.

No podré decir lo mismo de la comida. Tenía ganas de ir a un lugar que se llama “Los Panchos” clásico, tradicional por sus carnitas que no tiene comparación. Sus tacos son únicos, con esas zanahorias y chiles en escabeche. Pero, además, su cocina es muy demandada. Tras una espera de más de 15 minutos, llegó mi turno y me asignaron mesa. El lugar estaba a reventar. La mayor parte de los comensales en vestimenta de oficina, trajes baratos, corbatas y zapatos de mal gusto, aunque los hay de nivel. Su ropa luce diferente y su aspecto y actitud es contrastaste. La soberbia asoma en ellos. Las mujeres, la mayor parte guapas y mejor presentadas en algunos casos. Llama la atención que no soy el único que come solo en una mesa, parece ser muy común en este restaurante.

Me llevan la carta y comienzo con mi serie de preguntas. Al mesero le llamo e interrogo ¿su caldo Xochitl tendrá knor Zuiza? Sí, me responde, es para darle sabor a la comida. Y el ¿caldo tlalpeño? También. Oiga y ¿no habrá algo que no tenga Knor Suiza? Déjeme ver. Se va a la cocina y regresa. “Sólo el Mole de olla no tiene Knor Suiza” Ah, pues tráigame mole de olla; de hecho vine por comer un mole de olla, así que ni pintado. Pido una agua de jamaica ¿natural, verdad? Sí totalmente natural. Pero como si no supiera, cuando me la lleva y la pruebo, esa agua parece miel con jamaica. Me tomo medio vaso –de 360 ml– y lo hago a un lado. Ya para terminar pedí otro, pero éste de jamaica sin azúcar. Qué diferencia.

Continúo con la revisión de la carta, Veo que hay frijoles de olla, se me antojan. Veo que hay, bueno aparte de lo tradicional de ahí que son los tacos de carnitas y las gorditas de chicharrón, algunos platillos de la cocina mexicana. Todo se antoja. Me llevan mi caldo con bastante carne y verduras. Me lo termino, pero quedo con hambre. Pregunto ¿oiga y los frijoles de la olla les ponen Knor Suiza? ¡A los frijoles de la olla !. Me responde: “sí, a todo le ponen knor suiza para darle sabor a la comida”. O sea, por años hemos creído que esa es comida mexicana tradicional. Ahora sé es comida saborizada con aditivos nada sano. ¡Me perdieron! Ya por mis papas cocidas ni pregunté. Para la próxima hay que ir a comer ahí sólo tacos de carnitas y eso quienes puedan, porque como yo ni tortillas como.

Ya perdimos toda moral en la cocina, si así podemos llamarle. Ya aquellos platillos sazonados con ajo, con cebolla, con epazote, con perejil, con cilantro, con hierbas de olor, laurel, tomillo, orégano, hierva santa; eso, eso ya es historia. Los buenos cocineros quedaron para el recuerdo. Basta ahora llegar a comprar las bolsitas del saborizante que quiera y al instante tiene el mole, el caldo xochitl, la birria, lo que usted quiera y mandé, pero a quienes nos gusta o requerimos de una comida natural sana, mejor en casa. Y sí, llegué en la madrugada a casa. Cocí mi pollo, papas; calenté frijoles, hice arroz blanco y desayuné, como en el restaurante más lujoso de la ciudad de México.

Ya no hay moral señores restauranteros. El sabor de la cocina está en el sazón de quien la prepara, no en el aditivo, ni en el potenciador de sabor. Conciencia por favor!!!

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3 comentarios en “Ya por mis papas cocidas ni pregunto

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